¿Por qué las dietas no suelen funcionar a largo plazo?

Sólo el 10% de los individuos mantiene su peso
sin hacer un esfuerzo consciente

A pesar que cada vez estamos más informados sobre alimentación y hábitos de vida saludables a través de las campañas de Salud Pública, profesionales sanitarios y medios de comunicación, cada vez hay más personas con problemas de sobrepeso y obesidad entre niños y adultos.

Ello se debe a que vivimos en un entorno obesogénico, que favorece el sedentarismo, el estrés y la ingesta de alimentos de alta densidad energética y ricos en hidratos de carbono refinados y grasas.

La alimentación: es un acto social, cultural y emocional.

Comemos por muchos más motivos que para mantener nuestras necesidades fisiológicas, nutritivas o de supervivencia. Comemos para compartir, para celebrar.

Comemos también de modo inconsciente para eliminar o mitigar emociones desagradables –  tras un disgusto o al sentirnos solos, por ejemplo – o como recompensa inmediata o premio – tras una jornada intensa de trabajo… o después de haber ido al gimnasio para adelgazar!-.

Esta es la clave por la cual tendemos a engordar o no mantener el peso perdido, a pesar de saber conscientemente cómo adelgazar.

Nos cuesta mantener el peso a largo plazo porque no cambiamos hábitos erróneos. Nos cuesta cambiarlos.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar malos hábitos? Porque vivimos, como hemos dicho, en un mundo en el que existe un cóctel perfecto para aumentar de peso, donde convergen:

1.Globalización: que nos induce a adoptar hábitos de vida occidentales, importados de países anglosajones, perdiendo nuestras raíces de la Dieta Mediterránea tradicional, la cual favorece el mantenimiento de un peso saludable, al contrario de la anglosajona.

2.Disponibilidad ilimitada de gran variedad de alimentos “confort”: muy atractivos y apetitosos, altamente procesados, de elevada densidad energética, altos en hidratos de carbono refinados, pero pobres en fibra y en nutrientes.

3.Sedentarismo: hemos de hacer un esfuerzo consciente para movernos y quemar calorías. Nuestro estilo de vida (laboral, social y familiar) se basa en actividades sedentarias.

4. Estados emocionales: nuestro entorno socioeconómico, laboral y familiar tiende a favorecer el estrés, la ansiedad, la soledad e individualismo, la depresión.

5. Menor poder adquisitivo: los alimentos más insanos y que más engordan son los más baratos, y por tanto, los más disponibles.

6.Neuromarketing: existe una publicidad subliminal y constante que induce al consumo de alimentos  y  bebidas confort.

7. Sociedad hedonista: buscamos el placer y la recompensa inmediata. La constancia, el esfuerzo y la disciplina no están de moda…

8.Falta de tiempo: las prisas favorecen el sedentarismo, el consumo de fast-food o alimentos preparados – no siempre saludables – y la ingesta rápida y compulsiva.

Las investigaciones en neurociencias muestran que aproximadamente el 90% de las decisiones de los individuos, incluidas las relativas a la alimentación, son inconscientes y dependen del cerebro emocional. El neuromarketing aplica este conocimiento de las neurociencias  para influir en la elección de compra y consumo de los individuos.

Como individuos poco podemos hacer por cambiar el ambiente en el que vivimos –incluida una potentísima industria alimentaria y sus campañas basadas en el neuromarketing, que inciden directamente en el cerebro emocional para inducirnos a consumir los  productos que a la industria le interesa-. Gran parte de la lucha contra los factores “obesogénicos” ambientales no nos compete a nosotros como individuos sino a Gobiernos e instituciones…

Las medidas de Salud Pública para la lucha contra la obesidad, unas implementadas con poco éxito hasta el momento (y otras no implementadas por intereses económicos), son:

1- Promoción de hábitos saludables en la escuela, control de la publicidad, limitación de la disponibilidad de comida no saludable (máquinas de “vending” en lugares públicos, escuelas, puestos de trabajo), bajada de precios de alimentos saludables, etc.

2- Políticas ambientales de urbanismo: creación de espacios verdes, zonas peatonales e instalaciones deportivas

Por tanto, el poder disponer a nivel individual de herramientas y recursos necesarios para conseguir auto-gestionar mejor emociones – tales como el estrés, la ansiedad, la soledad, la frustración o los estados depresivos-, parece ser un elemento clave para seguir con éxito un plan de alimentación y de hábitos de vida saludables a largo plazo, con la finalidad última de evitar el sobrepeso, la obesidad y sus consecuencias, así como de mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional.

El factor emocional parece explicar la mayor parte de los fracasos a largo plazo en los programas de pérdida de peso