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Adicción a los alimentos

¿La adicción a los alimentos existe?

Investigaciones recientes han concluido que los alimentos muy sabrosos –”alimentos confort”- podrían inducir procesos adictivos.

Los hidratos de carbono refinados producen en el cerebro un aumento de la serotonina, dopamina, endorfinas y opioides, que tienen efectos sedantes y placenteros.
La grasa modula la palatabilidad, sabor, olor y textura de los alimentos (los hace más apetecibles y sabrosos).
El estrés crónico aumenta la intensidad del valor de recompensa que producen estos alimentos, y  aumenta el riesgo de adicción.

No es la comida la que -de forma intrínseca- es mala. Es la finalidad con la que hacemos uso de ella. El problema surge si -en lugar de utilizarla para satisfacer el hambre, y sentir placer al hacerlo, por supuesto-, se utiliza para tratar de satisfacer necesidades emocionales legítimas pero no satisfechas (sentirse querido, seguro, no angustiado…).

Una de cada 5 personas son proclives genéticamente a la adicción

Estas personas comparten determinados rasgos de personalidad: hipersensibilidad, impulsividad, baja tolerancia a la frustración, insegurida dy dificultad para gestionar conflictos y emociones.

Ante determinadas circunstancias adversas del entorno (problemas, económicos, laborales, familiares) pueden convertirse en adictas a la comida (alimentos confort).

El 40% de los obesos presentan algún grado de adicción a la comida, y un 10% de los adictos a la comida no tiene sobrepeso.

El rasgo que identifica una conducta adictiva es que la persona se ve impulsada a realizarla a pesar de sus consecuencias negativas, como respondiendo a un mandato interior, y no por propia elección.

Para controlar la conducta adictiva, la voluntad no es suficiente.

Los adictos a la comida tienden a utilizar sustancias depresoras (sedantes, tranquilizantes, somníferos, alcohol) o estimulantes (café , bebidas de cola o cocaína) en exceso.

Uno puede considerarse potencial adicto a la comida si trata de ejercer un severo control sobre el impulso de comer, independientemente de la cantidad o frecuencia con que lo haga, o si tiene la impresión de que la comida lo domina.

Los estudios neuro-científicos han demostrado que las personas proclives a la adicción tienen niveles bajos de receptores de dopamina en determinadas áreas del cerebro.
Las personas obesas, al igual que las adictas a la cocaína, tienen también niveles bajos de dopamina cerebral. Estudios con Resonancia Magnética cerebral han demostrado asimismo que  en las personas adictas a la comida  se activan las mismas áreas cerebrales ante la visión del alimento que en las adictas a la cocaína u otras sustancias
o conductas adictivas.

El Yale Food Addiction Scale es un cuestionario desarrollado por la Universidad de Yale en 2009 que nos permite saber si nuestra conducta alimentaria es adictiva o no.

Deberíamos pedir ayuda a un profesional si presentamos alguno de los siguientes síntomas:

1-    Consumo de grandes cantidades de alimentos en cortos períodos de tiempo, es decir, de forma compulsiva
2-    Deseo e intentos repetidos de parar de comer, pero sin éxito
3-    Imposibilidad de dejar de comer a pesar de conocer las consecuencias negativas que conlleva.