LA COMPOSICIÓN DE LA MICROBIOTA INTESTINAL PUEDE AFECTAR A LA MEMORIA

Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red en el ámbito de Obesidad y Nutrición (Ciberobn) y del Institut de Recerca Biomèdica de Girona (IDIBGI) han realizado un estudio que relaciona la memoria inmediata y reciente con la presencia de ciertas bacterias en la microbiota intestinal. (Fernandez- Real et al. Obesity impairs short-term and working memory through gut microbial metabolism. Cell Metabolism 2020)

Los hallazgos de la investigación contribuyen a comprender mejor el diálogo metabólico entre nuestro cerebro y las bacterias que conviven con nosotros.

El estudio muestra “interesantes conexiones entre la composición de la microbiota intestinal y el rendimiento cognitivo”

La investigación ha contado con 130 participantes, personas obesas y no obesas. En todas ellas se han analizado diferentes metabolitos en plasma además de la
microbiota intestinal. También se les han realizado diferentes pruebas cognitivas y
se ha medido el volumen de determinadas áreas cerebrales implicadas en la
memoria, el hipocampo y la corteza prefrontal, a través de resonancia magnética.

Estudiaron la microbiota intestinal de 130 pacientes, se les realizaron pruebas cognitivas y les midieron el hipocampo y la corteza prefrontal

El estudio mostró que las personas con obesidad mórbida tenían menor memoria reciente, y también tenían menos triptófano en la circulación sanguínea. Este aminoácido aromático resulta básico para la “síntesis” de neurotransmisores (serotonina y otros).

Por otro lado, la producción de algunas vitaminas depende de las bacterias de la
microbiota. Las personas con obesidad tenían determinadas bacterias que
metabolizaban la vitamina B1 en paralelo a la disminución de memoria inmediata
y reciente. Además, se observó que las personas con obesidad tenían un
hipocampo más pequeño. Los investigadores vieron que su tamaño se
asociaba a la presencia de determinadas bacterias de la microbiota intestinal.

Según informa el Ciberobn, el equipo realizó posteriormente ensayos con ratones. Este modelo animal recibió un trasplante de microbiota fecal de los pacientes para valorar cómo afecta la presencia de ciertas bacterias intestinales a la memoria reciente de los roedores. “El resultado fue contundente”, señala el Ciberobn. Evidenció que el trasplante de las bacterias presentes en pacientes con obesidad mórbida hace disminuir la puntuación de memoria de los ratones.

Los investigadores concluyen que la dieta habitual se asocia a la presencia de determinadas bacterias intestinales, por lo es posible el desarrollo de dietas individualizadas que científicamente puedan mejorar el rendimiento cognitivo y la memoria.

MANTENER NIVELES ADECUADOS DE VITAMINA D REDUCE EL RIESGO DE COVID Y DE SUS COMPLICACIONES

La vitamina D (que en realidad es un complejo hormonal) es indispensable para nuestras defensas.

 Mantener unos niveles adecuados de esta vitamina favorece que tengamos menos riesgo de sufrir infecciones.

 Basándonos en la evidencia existente, si cumplimos con las medidas ya conocidas de prevención del Covid-19 y mantenemos la vitamina D en niveles adecuados, el riesgo de contraer el coronavirus es muy bajo. Y si, lo contraemos, es probable que haya menos complicaciones y menor riesgo de mortalidad.

Varios estudios recientes muestran que:

  • las personas con deficiencia de vitamina D tienen casi el doble de probabilidades de contraer Covid-19 en comparación con aquellos con niveles normales.
  • la suplementación con vitamina D en pacientes deficitarios con COVID disminuye en más de un 50% el riesgo de complicaciones y mortalidad. Ningún tratamiento farmacológico ha demostrado, por el momento, una eficacia tan elevada.
  • Hay evidencia fisiopatológica sólida de los mecanismos por los cuales la vitamina D ejerce una acción inmunomoduladora.

 

Mantener unos buenos niveles de vitamina D facilita que tengamos menor riesgo de enfermar y de sufrir infecciones en general, y víricas y de vías respiratoria en particular, incluyendo la COVID-19.

 ¿Se ha de suplementar con vitamina D a todo el mundo?

No, solo a quien presenta deficiencia. Pero los estudios epidemiológicos nutricionales muestras que la gran mayoría de la población es deficitaria. Por ello, lo primero que hay que hacer es medir la vitamina D para decidir si una persona es deficitaria y  se ha de suplementar, en qué dosis y duración.

¿Quiénes son las personas con más riesgo de vitamina D baja?

A pesar de que la vitamina D se sintetiza en un 90% a partir del sol, las personas morenas de piel tienen más riesgo de deficiencia que las de piel clara, y los fotoprotectores impiden su síntesis.

En general, las personas con más riesgo de déficit son:

  • Niños
  • Embarazadas
  • Inmunodeprimidos
  • Personas con sobrepeso y obesidad
  • Obesos que han sido sometidos a cirugía bariátrica
  • Enfermos crónicos: diabéticos, cardiópatas, hipertensos
  • Enfermos renales y hepáticos
  • Mayores de 60 años

 

¿Cuál es la mejor forma de suministrar vitamina D?

La dieta no es suficiente pues solo contribuye en un 10% a los niveles de vitamina D. Por ejemplo, tener una vitamina adecuada, sólo con la dieta, se tendrían que consumir 22 huevos al día, o beber siete litros y medio de leche entera.

El sol no es suficiente para cubrir déficits si no estamos 15 minutos al día al sol sin protección solar y en verano, cuando los rayos inciden de forma vertical.

La vitamina D en personas deficientes se ha tomar a partir de suplementos nutricionales, por vía oral. No todos los suplementos son iguales, y sólo un especialista puede determinar la mejor forma, dosis y duración de la suplementación.

Si tenemos la vitamina D en niveles óptimos, ¿no vamos a padecer Covid-19?

Para minimizar la posibilidad de padecer la COvid-19, deben mantenerse las siguientes medidas:

  • Evitar aglomeraciones
  • Distancia física de más de 2 metros
  • Evitar espacios cerrados y mal ventilados
  • Limitar los contactos sociales innecesarios
  • Lavado de manos frecuente
  • Empleo de mascarilla, muy especialmente en espacios cerrados

 Si, además, mantenemos el peso, la presión arterial, el azúcar y la vitamina D en niveles óptimos, hacemos ejercicio físico regular, seguimos la dieta Mediterránea (alta en vegetales – verduras, ensaladas, frutas, frutos secos, legumbres, cereales integrales y semillas-, moderada en pescados y huevos, y pobre en carnes y productos procesados) y no fumamos, el riesgo de sufrir Covid-19 es muy bajo.

 Y si, a pesar de las precauciones, acabamos padeciendo Covid-19, es probable que sea de  forma leve, con menos complicaciones y menor riesgo de mortalidad.

Control de la glucemia sin necesidad de terapia con insulina

Un pequeño estudio sugiere que esta estrategia puede controlar la glucemia sin necesidad de terapia con insulina.

El estudio de 3 casos clínicos de diabetes de tipo 2 (DT2) y obesidad por parte de investigadores canadienses ha llevado a éstos a teorizar sobre el potencial valor terapéutico del ayuno intermitente como alternativa al tratamiento farmacológico. Dos de los 3 pacientes estudiados ayunaron durante 24 horas seguidas en días alternos, mientras que el tercero lo hizo 3 veces por semana.

El ayuno consistió en beber sólo líquidos bajos en calorías, tales como té, café, agua o caldo y una comida muy baja en calorías por la noche. Después de un mes, todos los pacientes dejaron de necesitar insulina, cesando esta necesidad a los 10 días en uno de ellos. A lo largo de los 10 meses de duración de esta intervención dos pacientes cesaron en su requerimiento de los otros fármacos anti-diabéticos con los que estaban siendo tratados y el tercero pudo prescindir de 3 de los 4 que estaba tomando. En todos los pacientes pudo observarse una reducción de peso que osciló entre el 10 y el 18%.

No es la primera vez que el ayuno muestra beneficio en la gestión de la DT2 y la obesidad, ya que en un caso clínico previamente descrito también se alcanzó el objetivo de cesar en el requerimiento de medicación, así como una reducción de peso de 17 kg a lo largo de 7 meses.
Los investigadores subrayan que este último paciente había tomado medicación antidiabética durante 14 años y sufría los efectos adversos gastrointestinales de la metformina.

Fuente: IM Médico Publimas Digital s.l.

 

DERMATOMA T6. LA NUEVA REVOLUCIÓN EN LAS TERAPIAS DE ADELGAZAMIENTO.

 

Consiste en neuroestimular el dermatoma T6 del estómago con una aguja de acupuntura conectada a una corriente de bajo voltaje (electroacupuntura) con una frequencia determinada. La aguja  se inserta un centímetro, en el lugar donde llega  el dermatoma T6, cerca del estómago.

El objetivo es doble: atrasa el tiempo de vaciado del estómago   y disminuye los niveles de la hormona que regula la sensación de hambre. Esto posibilita seguir una dieta sin pasar hambre y por tanto, tampoco se tiene la ansiedad o irritabilidad que aparece normalmente, de forma que el porcentaje de éxito del tratamiento de adelgazamiento aumenta de forma considerable

Las sesiones son semanales y tienen una duración aproximada de 30 minutos.

Este tratamiento  se acompaña de pautas dietéticas adaptadas a cada persona pero basadas siempre en la dieta mediterránea, de manera que es fàcil de llevar a término, és natural y saludable.

Una vez conseguido el peso, la persona vuelve a comer normalmente y no recupera el peso anterior (efecto rebote) ya que durante 3 semanas se fija el nuevo peso mediante la incorporación de comida de forma gradual y pautada.

 

Crononutrición: ritmos biológicos, microbiota y nutrición

Crononutrición: ritmos biológicos, microbiota y nutrición

La doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia e investigadora en Brigham and Women's Hospital de la Universidad de Harvard,ha sido la encargada de explicar que nuestra biología responde de forma diferente a los alimentos que consumimos en horas distintas del día. “Cenar tarde hace que puedas engordar más o que adelgaces menos consumiendo las mismas calorías que si las tomas a horas más tempranas”, asegura esta experta.

Estudios realizados por Garaulet y los equipos de las Universidades de Harvard y Tufts publicados en la International Journal of Obesity han comprobado que cuanto más temprano hagamos las comidas principales del día, más se reduce el riesgo de ganar peso. En concreto, un trabajo con 420 personas (50% hombres y 50% mujeres) demostró que las personas que hacían esa comida principal después de las tres de la tarde perdían menos peso que las que comían antes de esa hora, comiendo lo mismo, haciendo el mismo ejercicio y durmiendo las mismas horas. En concreto, los que comieron sobre las 14:30 h perdieron aproximadamente 12 kilos y los que lo hicieron pasadas las 15 h perdieron sólo 8 kilos. “En este trabajo concluimos que no solo es importante qué comemos, sino también cuándo lo hacemos. Además, descubrimos su explicación metabólica. Detectamos la presencia de un reloj periférico en nuestro tejido adiposo que, en función de los horarios, activa o desactiva genes que afectan a la ganancia o pérdida de peso”, puntualiza Garaulet.

En obesidad, el tejido protagonista es el tejido adiposo. El exceso de energía se acumula en este tejido, y cuando se produce una acumulación excesiva de grasa, hablamos de obesidad. Desde el punto de vista cronobiológico, el tejido adiposo es un tejido periférico en el que se expresan genes “reloj” que juegan un papel fundamental en la fisiología del propio tejido, y en la fisiopatología de la obesidad. Estos genes “reloj” son capaces de regular la expresión rítmica de diversas sustancias bioactivas secretadas por el tejido adiposo como es la adiponectina, la leptina y la resistina, entre otras, y que afectan el metabolismo sistémico. Investigaciones recientes muestran la importancia que tiene el funcionamiento correcto de los genes “reloj” del tejido adiposo y el efecto de su desincronización en el desarrollo de ciertas enfermedades como es la obesidad.

Recientemente, la doctora Garaulet y Frank Scheer, también de la Universidad de Harvard, publicaron un trabajo en tejido graso humano que demostraba que la hora en que mejor toleramos los azúcares es alrededor de las 12 del mediodía, mientras que, por la noche, esa tolerancia a los carbohidratos disminuye hasta cuatro veces“Vimos que el reloj periférico del tejido adiposo regula la sensibilidad a la insulina. Cuanta menos sensibilidad a la insulina, mayor riesgo de acumular las calorías de los carbohidratos consumidos en exceso en forma de grasa”, explica Garaulet.

Según esta experta, tenemos un “reloj periférico” en el tejido adiposo que, en función de los horarios, activa o desactiva genes que afectan a la ganancia o pérdida de peso. La alimentación es uno de los sincronizadores más importantes de nuestro reloj interno, junto con la luz y el ejercicio. “Cuando comemos, ponemos en hora los relojes periféricos de los órganos implicados en la digestión, como el tejido adiposo, el páncreas, el hígado, el intestino y el estómago. Si comemos a deshora, se produce un desfase con el reloj central, situado en el hipotálamo. Esto provoca una cronodisrupción. Y esta situación se ha relacionado con depresión, cáncer, obesidad, diabetes, Alzhéimer, y en general con todas las enfermedades degenerativas”, según Garaulet.

La microbiota saludable y equilibrada también es fundamental para asegurar una función digestiva adecuada, ya que estas bacterias contribuyen a aislar el organismo del medio externo para que no entren sustancias tóxicas. “En un estudio muy controlado a 10 mujeres que comen lo mismo durante dos semanas, una semana realizan la comida principal a las 13 h y la otra a las 17:30 h, hemos visto que cuando comen tarde se invierte totalmente el ritmo de la diversidad de las bacterias de la saliva. Esto significa que hay un ritmo que cambia la diversidad de bacterias que se tienen en el organismo a lo largo del día. Esta diversidad marca la salud fisiológica, y cuanta más diversidad de bacterias haya, mejor. Cuando se come tarde se invierte totalmente el ritmo y esta inversión da un patrón de microbiota propio de situaciones de  enfermedad como el que aparece en la obesidad, ciertos tipos de inflamación, de síndrome metabólico,e incluso de la enfermedad de Crohn, Para mejorar la microbiota, Garaulet apunta a seguir un patrón de dieta mediterránea, “ya que es muy favorable para nuestra comunidad bacteriana”.